ausencia

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Metáfora de la ausencia. Abril 2012

jueves, 16 de junio de 2011

Ocho

El marino llamado Travis S. Merryman Jr, a pesar de dejar de dormir sobre las seis y media de la mañana, no ha sido capaz de despertar. Así, sumido en una extraña duermevela, bajo una gruesa manta de lana, lleva horas retorciéndose como una crisálida. Sobre su hamaca, a la sombra del sicomoro que plantara su tía Mary Sue Merryman, jamás creada por W. Faulkner.
Como un mirlo, ha visto amanecer entre las ramas y por la puerta entreabierta del sueño inconcluso, se han colado personajes desaparecidos hace mucho tiempo, como su madre, que ha pasado ante sus ojos en la flor de la juventud, montada en una vieja bicicleta con la cesta llena de repollos y la cabeza rebosante de sueños que jamás vendrían a cumplirse.
Con cierta aprensión, ha visto pasear por la ribera a aquel amigo de la infancia con las manos llenas de verrugas que se ahogó en el río una tarde interminable de verano. Ha respirado hondo después, aliviado de que no le hayan visitado hoy los amores dorados y primeros de la juventud. No ha visto a Lourdes, la hija del joyero francés que le regaló a escondidas la primera noche de amor de su vida, a pesar de estar reservada para los jóvenes de posibles. No ha venido Stella, la hermosa campesina que adornó sus veinte años recién cumplidos. Ni rastro de Blanche, la bebedora, "gracias a Dios" -Se ha dicho.-
Pero he aquí que las puertas del sueño se traviesan en ambas direcciones y el marino, sin ser visto se ha colado en el aire perfumado del sueño.
Ha recorrido una larga carretera flanqueada por altos macizos de hierba, cree haber visto pasar un tren a lo lejos y ha callejeado después por un pueblo que tal vez le ha resultado algo familiar, a pesar de no ser ninguno de cuantos conoce.
Ha entrado en una taberna en la que ha visto escrita una apuesta contra él en una gran pizarra verde y, apoyándose en la barra de ajado mármol travertino, ha preguntado cómo va el juego.
Un hombre, sonriendo, ha arrastrado hacia él un vaso de vino blanco con el dedo índice y le ha contestado: -"Se paga quince a uno. Bebe algo. Deberías saber que ya nadie apuesta por tí".



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