ausencia

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Metáfora de la ausencia. Abril 2012

lunes, 1 de noviembre de 2010

Uno



En la mente del marino jamás creado por W. Faulkner siempre quedarán fotos pendientes.
Fotos con mujeres como pétalos de una sola flor, meciéndose desprendidas en los puertos, casi como si sus cuerpos no les pertenecieran, entre los brazos de hombres que pasan como si fueran encarnaciones múltiples de uno sólo que llegara con las mareas y las estaciones.
Fotos con palmeras estremecidas al fondo y tabernas sacudidas por el viento y la salitre con las que el marino aún hoy sigue soñando y que nunca encontrará porque no existen.
Fotos con letreros luminosos a merced del gris que progresa en el horizonte sin piedad de las naves, fotos de infinitos amaneceres y gaviotas, como trapos vívidos burlando atmósferas superpuestas, patinando sobre el aire impenetrable de puro adelgazado.
Fotos del charrán que ha aprendido a robar pescado en los muelles y nos mira, entre burlón y anhelante, desde el fondo de unos ojos menudos y negros, como insectos brillantes, casi con la ciencia inaprehensible de un niño ladrón presto al vuelo.
En la mente del marino siempre quedarán fotos por hacer, como aquella del hombre y la niña destilando guijarros entre la espuma, como la de Pablo enfebrecido de sol en Chipre, como la de la muchacha rodeada de lobos en una cafetería en Yokohama, como la del viejo, no importa en qué puerto, que cose redes desde hace muchos siglos y se remanga los pantalones con manos eternamente vulneradas por el tiempo.
Fotos del naturalista aterrado en la galerna, aferrado a sus cavilaciones y genealogías, encaneciendo de pura mar arbolada. Fotos de ensenadas sombrías con nombre de mujer, de recodos salinos, islotes y leproserías, de cañones bendecidos para matar, de irónicas moradas de sueños o de náufragos y pesadillas.

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