ausencia

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Metáfora de la ausencia. Abril 2012

miércoles, 8 de febrero de 2012

Balada de la gente sola. (Fragmento)

Q.

El autobús enfiló la 422-Norte mientras amanecía. Recién sentado oyó decir algo sobre el suicidio de un obrero y a través de la ventanilla observó a un grupo de gente que se asomaba a la playa.
Reparó en la actitud nerviosa, casi angustiada de quien se había sentado a su lado fumando sin parar y volvió después sobre sus pensamientos para decirse que todo iría bien sin darle mayor importancia a lo demás.
El buscaría un trabajo con el que empezar y ella le daría calor las noches en que se sintiera más sólo. El no desfallecería. Al principio no sería fácil, lo sabía, pero haría pronto amigos en la Gran Ciudad y ella le presentaría a su familia que tal vez le abriría alguna que otra puerta.
Ella le hablaría de la gente del lugar, de sus vicios, de sus virtudes, de sus manías. Le presentaría gente. Le explicaría cómo tratar con ellos. Le pondría en el secreto. Aprendería.
El sumaría sus esfuerzos a los de ella, que ya trabajaba en el laboratorio de un destacado fotógrafo, y con el tiempo las cosas mejorarían. Ella estaría a su lado y él al lado de ella y entre los dos, hombro con hombro, nada podría ir mal. El buscaría la manera de progresar, trabajaría duro, se labraría un futuro. Aguantaría lo que fuera necesario. Por amor, ¿Quién no lo haría?
Ella le esperaría cuando él volviese cansado del trabajo. El cuidaría de ella las noches más frías y sí, también discutirían, todas las parejas lo hacen, pero al final, si se quieren, se borran a base de cariño tantos sinsabores como dan los días y cada mañana volverían al trabajo con renovada energía. Seguirían siendo uno marchando hacia delante. Juntos serían invencibles. El se ofrecería a ayudar donde hiciera falta, demostraría que era un buen tipo a los amigos de ella, a su familia. Se irían tendiendo puentes, estrechando lazos, construyendo complicidades, le irían conociendo, encontraría su sitio entre ellos, se ganaría su respeto, se adaptaría.
Ella se sentiría orgullosa de él, él iría trabajando aquí y allá, prosperando y tal vez algún día comprarían con esfuerzo un terreno en las afueras o mejor, una casita en el casco antiguo que tal vez restaurarían. En el bajo pondrían un pequeño negocio, quizá un café y poco más que con las visitas de amigos y conocidos, más o menos, vivirían.
Tal vez las cosas no serían exactamente así. De hecho casi nunca son como las imaginamos -se dijo-. Tal vez algún detalle del guión cambiaría, pero ahí estaban los elementos fundamentales que lo harían posible. La garantía. Los pilares sobre los que se debe levantar todo cuanto pretende perdurar e ir a más. No puede haber error: Amor, respeto, honestidad, humildad, esfuerzo.
Dos años más viejo, volvió en el mismo autobús, con el mismo dinero en los bolsillos, arrastrando el mismo par de maletas. Igual que se fue.
Sólo.

Copyright J.M.Bielsa-Gibaja. Todos los derechos reservados.

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